Odiaba y a la vez me encantaba ser una más en su lista de conquistas. Ya llevaba tiempo haciéndose de rogar, pero el encuentro era inminente. Había hecho en casa malabares para poder tener una tarde libre para mí. Sería esta misma semana y me encontraba, nerviosa, ansiosa, excitada por todo aquello.
Su manera de ser me recordaba demasiado a Víctor de la saga de “Valeria”, mente perversa y la seducción como forma de vida. Un granuja de esos de libro, pero que sabes que lo que dice te lo va a hacer y con garantía de calidad. Se les nota en la energía que emanan, se nota demasiado que no van de farol.
Cuando estoy cerca de él, desprende una carga de testosterona que me hace humedecer la braguita al instante y me es mucha hora de esconderme en algún lugar para tocarme y aliviar por un momento ese deseo ferviente. Este fin de semana me pasó, tuve que levantarme de la sobremesa en una comida familiar, para ir al baño y volver a la mesa con coloretes. La tarta que había hecho de postre pasaría a un segundo plano en ese encuentro.
Leo sus mensajes cargados de morbo y lujuria y la
taquicardia es inevitable. Cada vez me importa menos lo que opinen de mí, simplemente
quiero que me den placer del bueno y vivirlo, que no me lo cuenten. Simplemente quiero que mi
cuerpo sea el máximo benefactor de ello.
Marcos CL

Dador..receptor.... simbiosis. Alm
ResponderEliminar