miércoles, 18 de marzo de 2020

Mandarina





En mi bañera, con agua bien caliente y sales de baño de canela y mandarina, con mucha espuma y con muchas ganas de desaparecer del mundo. Intentando juguetear con mis pensamientos para evadirme un rato, para salir de mi mundo por un momento y no pensar en todo aquello, aquello tan surrealista que nos estaba pasando.

A la luz de las velas, con música relax y el sonido de las olas del mar, mi cabeza fue liberándose de toda la carga que venía soportando durante la última semana. Como pasando diapositivas en mi mente fui trayendo imágenes y recuerdos agradables sin cesar, hasta que me llevaron a él. Su sensualidad innata, su calma en cada palabra que me decía, su forma de vivir tan positiva, eso que me hacía falta en aquellos momentos.

 Me decidí a llamarlo. Escuchar su tono de voz y dejarme ir. Me respondió al instante, siempre atento y amable, accedió a hacer lo que le pedí. Simplemente quería tenerlo al otro lado del teléfono, sentir su cercanía y su calor mientras me acariciaba. Cerrando los ojos, mis dedos bajo el agua, fueron recorriendo cada rincón de mi cuerpo deseoso. La espuma sobre mis pechos, tapando mis pezones ya erectos, mientras, emitía pequeños gemidos que llegaban a sus oídos.

 Él me susurraba para que siguiera, quería que llegara al orgasmo y sentir mi explosión, aunque fuera en la distancia, le correspondía, era suyo por completo y así fue. Llegué muy rápido y con una intensidad tan fuerte que cerré las piernas de golpe durante unos minutos, un espasmo de placer apretando mi mano me hizo volver a la realidad desde aquella fantasía tan auténtica que mi cuerpo, todavía tembloroso, había sentido.

Gracias por ser y estar.
                                                                                                    Marcos CL


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