jueves, 20 de febrero de 2020

Golfos




Definitivamente ya no podía más, tenía que terminar con todo esto. Esta doble vida que llevaba me estaba pasando factura. Buscar mil excusas para propiciar encuentros sexuales, aunque fueran fugaces, era demasiado descabellado para mí, ya todo me daba igual y eso era demasiado peligroso.



Trabajando, haciendo la compra o en las comidas con la familia, era recibir un whats app de él y mi volcán comenzaba a encenderse, buscaba un rincón para mandarle un selfie y que me correspondiera mostrándome como estaba en ese momento acordándose de mí.



 Éramos dos golfos donde el pudor y la vergüenza ya habían pasado a un segundo plano. Jamás había hecho cosas así, en el cine, sobre el capó del coche, en su portal… todo demasiado loco y morboso, un juego adictivo del que me iba a costar salir.



Lo último que me había pedido fuera demasiado fuerte, pretendía que, en mi noche de cena con las chicas, en medio de la velada fuese al baño sigilosa y sacando del bolso mi Satisfayer lo hiciese allí mismo y le mandase el video después corriéndome.

 Él estaría en su casa esperándolo como agua de mayo para tocarse juntos y a la vez, aunque fuera en la distancia. Mi juguetito me hacía que los tuviera muy rápido así que nadie sospecharía nada. Volvería a la mesa con carita de santa Ana y seguiría con la cena habiendo sido ya muy muy traviesa.



Ese tipo de cosas son las que me encantan y me sacan de mis rutinas mas agónicas, un día igual que otro. Al menos me merecía un poco de salsa en mi vida, en aquella vida conformista que había elegido, pero que me estaba cambiando.



                                                                                           Marcos CL


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