martes, 4 de febrero de 2020

Julia






Arrancaba cada mañana con la cartera de clientes metida en la cabeza. Ya era viernes y se subía en sus tacones, perfilaba sus labios de rojo pasión y a comerse el mundo. Con paso firme trabajaba en terrenos a veces pantanosos. Julia tenía una mirada poderosa, penetrante. Su físico generoso y sinuoso le servía también en el campo laboral. Sus dotes de comercial la habían hecho ascender de forma exponencial en ese tenebroso mundo del mercadeo.

Apasionada por su trabajo y por su vida le encantaba perderse de vez en cuando soltándose del todo la melena, dejando paso a la Julia más dominante y perversa. Aparte de esa cartera de clientes, manejaba gran cantidad de contactos en círculos menos aceptados a nivel social. Lugares que frecuentaba de manera clandestina. Para ello tenía que coger un avión y desplazarse a la querida Barcino. Sin duda, su ciudad natal era demasiado pequeña y amurallada, como para pasar desapercibida en esos ambientes, también por discreción y respeto a una familia conservadora que no entendería esa doble vida. Ella viajaba encantada, al menos, cada 10 días.

Con traje de látex, botas negras para paso firme y rojo fuego en sus labios, realizaba con gusto y regusto esas prácticas que duraban horas. Con olor de vela quemada y vicio en el ambiente, el sonido quejoso de voces desconocidas daba musicalidad a aquella mente tan retorcida y deseosa de nuevas sensaciones. Ese sonido de la fusta cortando el aire, hacía que su excitación fuese incontable. Le pedían más contundencia en los castigos que debía proporcionar. Ella ansiosa de jadeos y gritos, se le cansaba el brazo de azotar a esa manada de siervos. Se sentía en la cima de la pirámide siendo la reina por un tiempo, en esta sociedad tan patriarcal, hipócrita y machista, ellos también son dignos de un buen merecido de vez en cuando.

                                                                                                      Marcos CL

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