Tenía todas las armas de mujer al alcance, aroma, mirada, presencia, sensualidad y una voz que cuando decía mi nombre y lo gritaba me hacía remover hasta el tuétano. La naturaleza había sido muy generosa con ella. Toda una "amantis religiosa", primero me utilizaba a su antojo y después me arrancaba la cabeza de cuajo. Así era ella, fuerte, calculadora y demasiado ardiente para la mayoria de aquellos mequetrefes que la rondábamos.
Pobres ilusos, la hombría de veía reducida a añicos en la primera de cambio. Ella movía las manijas del tiempo y de la vida. Marcaba cada paso con sonido de botas de montar y desmembrada a cualquier machote que se cruzaba en su camino.
En su territorio, en su sala de juegos, era la Dómina, la jefa de todo su reino del placer. Mucho nos cambiaba la torna a sus marionetas con barba, así nos llamaba. Al sentirnos atados y anulados, muchos pedían perdón y clemencia al notar el tacto del cuero sobre la piel. " No intentes jugar a lo que no sabes jugar", nos repetía a modo de sentencia.
Marcos CL
Gracias por la imagen @dannrodz

Dominio, placer,.. buena combinación. 🔥🔥
ResponderEliminarGenial!!