Cada 22 de diciembre era una sorpresa y alegría para
mucha gente que le había tocado un pellizquito en la Lotería. En mi caso era
todo mucho más básico, trabajando en fin de semana completo. Al volver del
hospital recibiría una visita inesperada, mi premio gordo especial.
En un fin de semana que apuntaba aburrido, apareció él
de la nada como hacía casi siempre, apenas sin darme tiempo a mentalizarme de
lo que me esperaba. Había estado toda la jornada con historias clínicas que
vienen y van, y ahora, en esa tarde de domingo tan desapacible, escribiría la mía.
Siempre portaba aquella mochila llena de enigmas, los traía para mí, lo
hacía por mí y sobre mí. Yo me dejaba, me encantaba ser su musa y
modelo para que probara en mis carnes todos esos artilugios, esos que yo creía de
ficción hasta el momento, todos aquellos juguetes y sustancias cuya finalidad tenían el darme
el placer más absoluto.
Llovía fuerte y aquella borrasca llamada Fabián, había
hecho estragos en mi jardín. Tenía mucho que hacer por casa, como siempre, pero
me regalaría unas horas con ese hombre tan genuino y misterioso. Apenas habíamos
tenido un par de encuentros, pero notaba que cada vez se iba incrementando la intensidad,
cada vez me daba una ración más fuerte de aquella pócima mágica que tenia en
sus dedos, en su lengua, en su buen hacer.
Jamás pensé que
alguien conseguiría sacar de mis adentros todo aquello tan blanquecino. Jamás creí
que me harían gritar tanto con cada clímax, orgasmos largos e intensos nunca
soñados que me dejaban las piernas temblando y la boca seca.
Ahora pienso
que la mejor lotería es la nos toca cada día, sensaciones que no se pagan con
dinero, vivencias únicas con personas que aparecen en tu vida, vivencias fuera
del círculo un aburrido llamado rutina. Me gusta pensar que soy una pantera en
mi intimidad y en la vida me ven como una gatita inocente y adorable.
Marcos CL

👍👍
ResponderEliminarGracias por leerme...
ResponderEliminarImposible no hacerlo. Muy buenos relatos
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