lunes, 27 de enero de 2020

Servida




Que me follara allí mismo en la cocina fue de lo mejor que me podía haber pasado aquel día de mierda. Rápido, sucio, salvaje y sin amor. Un encuentro fugaz para dejar a un lado los problemas y más problemas que llevaba en la mochila. Me gustaba tenerlo cerca, a mi disposición, a toque de teléfono, el siervo perfecto con la polla siempre en forma para darme lo que me gusta, dejarme dolorida para después volver al papelón de buena madre y esposa.

 Mientras los peques van a las actividades a mamá le dan un repaso de órdago, de esos que te dejan las piernas temblando y los cardenales en el culo de tan fuerte que me pega con la mano. En esos momentos me gusta sentirme así, deseada y rebelde, la más puta de todas desde el buen sentido de la palabra, la que no le cuesta pedir jadeante que me den más y más hasta que se me borre la amargura y esa cara de buena para todo y para todos.

 Con las tetas sobre la fría piedra intento poner la mente en blanco mientras me vuelvo a correr, tengo los pezones tan duros que me duelen. Es es una sensación única y es imposible no sentirlo por detrás, con ese pedazo rabo que tiene, me llega al alma y me arruina la vida deseándolo una vez y otra vez. Dios lo quiero para mí y de manera más continua!!.

Paso demasiada necesidad de cosas así, de sexo salvaje y sin compromiso, de escenas de este calibre en las que no tenga que fingir orgasmos y no hacer lo que ya no quiero hacer. Me gusta disfrutar de mi cuerpo de manera libre, pedir cosas sin sentirme sucia o mala esposa. Me gusta ser así en el fondo, gata y pantera al mismo tiempo. Ahora confundida; no sé hasta cuándo pero, sí sé cómo.

 Ya relajada y servida. Dulces sueños.
                                                                                                      Marcos CL

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