Que me follara allí mismo en la cocina fue de lo mejor
que me podía haber pasado aquel día de mierda. Rápido, sucio, salvaje y sin
amor. Un encuentro fugaz para dejar a un lado los problemas y más problemas que
llevaba en la mochila. Me gustaba tenerlo cerca, a mi disposición, a toque de teléfono,
el siervo perfecto con la polla siempre en forma para darme lo que me gusta,
dejarme dolorida para después volver al papelón de buena madre y esposa.
Mientras los peques
van a las actividades a mamá le dan un repaso de órdago, de esos que te dejan
las piernas temblando y los cardenales en el culo de tan fuerte que me pega con
la mano. En esos momentos me gusta sentirme así, deseada y rebelde, la más puta
de todas desde el buen sentido de la palabra, la que no le cuesta pedir jadeante
que me den más y más hasta que se me borre la amargura y esa cara de buena para
todo y para todos.
Con las tetas
sobre la fría piedra intento poner la mente en blanco mientras me vuelvo a correr, tengo los pezones tan duros que me duelen. Es es una sensación única y es
imposible no sentirlo por detrás, con ese pedazo rabo que tiene, me llega al alma
y me arruina la vida deseándolo una vez y otra vez. Dios lo quiero para mí y de
manera más continua!!.
Paso demasiada necesidad de cosas así, de sexo salvaje
y sin compromiso, de escenas de este calibre en las que no tenga que fingir
orgasmos y no hacer lo que ya no quiero hacer. Me gusta disfrutar de mi cuerpo de
manera libre, pedir cosas sin sentirme sucia o mala esposa. Me gusta ser así en
el fondo, gata y pantera al mismo tiempo. Ahora confundida; no sé hasta cuándo pero, sí sé cómo.
Ya relajada
y servida. Dulces sueños.
Marcos CL

Buuufff!! Buenísimo
ResponderEliminarBuenas noches. Noches buenas